Ayer y hasta esta mañana hemos estado en la casa rural con los de UNICEF, comiendo mucho y bailando reggaeton duro. Ha sido una buena jornada para compartir vida con gente con la que pasaremos muchas horas estos meses, y que tenemos la suerte de que son buenísimos.
Además, hoy es el cumpleaños de Martita, la coordinadora de voluntarios de la casa donde vivimos, que aquí se les llama Populorum (esta semana tengo pensado escribir algo sobre qué hacen). Le tenemos mucho cariño, y ha sido otro momento de compartir alegría en el día.
A pesar de lo que pudiera parecer, esto está lleno de voluntarios españoles, y en nuestra habitación compartimos con ocho más, pero las relaciones más fuertes se están generando con hondureños. Compartir mesa y vida con ellos, ver cómo piensan, tratar sobre lo que nos une y nos hace diversos y dejar que nos enseñen su ciudad para adentrarnos en ella sin duda enriquece mucho esta experiencia. Nuestra labor en los centros podrá ser muy importante y necesaria, pero en un mundo donde estamos cada vez menos cercanos el uno del otro, generar conexiones y estrechar lazos es un lujo que no podemos permitirnos no hacer.
Por más fines de semana así.
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