La labor que hace ACOES me parece increíble, ayuda a muchísima gente joven que de otra manera no podría acceder a la educación u otros medios. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.
Para gente que viene de voluntariado desde España, llegar y estar dos meses es una experiencia inolvidable a buen seguro, pero, ¿realmente queda algo de los que vienen? No sé hasta qué punto toda la ayuda que recibe se va apoyando en la anterior o si se pierde como lágrimas en la lluvia (momento Blade Runner).
En esta semana ha habido alguna que otra controversia relacionada con temas de logística, organización y sobre todo, de metodología. Parece en ciertos momentos que todo lo que sea modificar una estructura que necesita mimbres más fuertes es un sacrilegio. Se tiene entronizado un método de trabajo solo porque es el de siempre y porque nunca se ha cuestionado, y eso me suena a problema.
Ayer hablé sobre mi labor aquí, y dije que me alegraba de haber venido y de disfrutar la experiencia, pero que desde luego, a nivel de cooperación tenía que ser bastante crítico, tanto con ACOES como la UMA, por aprecio a lo que hago y con ánimo de que quien venga detrás pueda trabajar mejor y más efectivamente, y no hacer un mero intercambio cultural
Tras un mes aquí, no me imagino que no vaya a emocionarme cuando me despida de toda la gente, y sin duda recordaré con muchísimo cariño los lugares donde trabajé, las personas con quienes estuve y cada momento que pasé aquí, pero de momento no siento ese cariño o pertenencia al proyecto de ACOES que si pensé que podría llegar a tener. El tiempo dirá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario