Cuando llegué el primer día a Tegucigalpa, estuve dando un paseo por el barrio, y hubo algo que me llamó mucho la atención: en cada rincón sonaba música y había gente gritando. El transporte, los negocios, música actual y tradicional, la relación que tienen con ella es impresionante.
Se notaba un ambiente muy cercano, para nada se percibía el peligro que te venden cuando dices que vas a Honduras; los negocios familiares llenos de clientes habituales, conductores de autobús llamando a la gente para que subieran, etc.
Yo, que soy muy de barrio, en seguida sentí que ahí había algo especial, y poco después me he dado cuenta de ello.
Cuando vamos a algún centro de desarrollo o a visitar algún sitio, siempre nos acompaña un voluntario de ACOES, y es curioso como va caminando y saludando a todo el mundo por donde pasa. La gente conoce los proyectos de la ONG y aunque no participen del proyecto, conocen a la gente que está dentro y reconocen el valor que suma a la comunidad.
Pienso que en todos los barrios la comunidad se mueve en torno a ciertos ejes, como pueden ser el colegio o la parroquia, y en este caso, ACOES es uno de ellos, y eso se nota
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Esta mañana hemos ido a pillar boletos para ir a Copán y no había, así que hemos tenido que ir a San Pedro Sula y de allí al destino. Más aventuras.
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